Símbolo y mito en «Snake», de D. H. Lawrence

dhl

Karina Castro

 

La civilización es la negación del instinto.

Sigmund Freud

 

 

 

I. EL POEMA

 

SNAKE

 

A SNAKE came to my water-trough

On a hot, hot day, and I in pyjamas for the heat,

To drink there.

 

In the deep, strange-scented shade of the great dark carob-

tree

I came down the steps with my pitcher

And must wait, must stand and wait, for there he was at the

trough before me.

 

He reached down from a fissure in the earth-wall in the gloom

And trailed his yellow-brown slackness soft-bellied down,

over the edge of the stone trough

And rested his throat upon the stone bottom,

And where the water had dripped from the tap, in a small

clearness,

He sipped with his straight mouth,

Softly drank through his straight gums, into his slack long

body,

Silently.

 

Someone was before me at my water-trough,

And I, like a second comer, waiting.

 

He lifted his head from his drinking, as cattle do,

And looked at me vaguely, as drinking cattle do,

And flickered his two-forked tongue from his lips, and mused

a moment,

And stooped and drank a little more,

Being earth-brown, earth-golden from the burning bowels of

the earth

On the day of Sicilian July, with Etna smoking.

 

The voice of my education said to me

He must be killed,

For in Sicily the black, black snakes are innocent, the gold

are venomous.

 

And voices in me said, If you were a man

You would take a stick and break him now, and finish

him off.

 

But must I confess how I liked him,

How glad I was he had come like a guest in quiet, to drink

at my water-trough

And depart peaceful, pacified, and thankless,

Into the burning bowels of this earth?

 

Was it cowardice, that I dared not kill him?

Was it perversity, that I longed to talk to him?

Was it humility, to feel so honoured?

I felt so honoured.

 

And yet those voices:

If you were not afraid, you would kill him!

 

And truly I was afraid, I was most afraid.

But even so, honoured still more

That he should seek my hospitality

From out the dark door of the secret earth.

 

He drank enough

And lifted his head, dreamily, as one who has drunken,

And flickered his tongue like a forked night on the air, so

black,

Seeming to lick his lips,

And looked around like a god, unseeing, into the air,

And slowly turned his head.

And slowly, very slowly, as if thrice adream,

Proceeded to draw his slow length curving round

And climb again the broken bank of my wall-face.

 

And as he put his head into that dreadful hole,

And as he slowly drew up, snake-easing his shoulders, and

entered farther,

A sort of horror, a sort of protest against his withdrawing

into that horrid black hole,

Deliberately going into the blackness, and slowly drawing

himself after,

Overcame me now his back was turned.

 

I looked round, I put down my pitcher,

I picked up a clumsy log

And threw it at the water-trough with a clatter.

 

I think it did not hit him,

But suddenly that part of him that was left behind convulsed

in undignified haste,

Writhed like lightning, and was gone

Into the black hole, the earth-lipped fissure in the wall-

front,

At which, in the intense still noon, I stared with fascination.

 

And immediately I regretted it.

I thought how paltry, how vulgar, what a mean act!

I despised myself and the voices of my accursed human

education.

 

And I thought of the albatross,

And I wished he would come back, my snake.

 

For he seemed to me again like a king,

Like a king in exile, uncrowned in the underworld,

Now due to be crowned again.

 

And so, I missed my chance with one of the lords

Of life.

And I have something to expiate;

A pettiness.

 

Taormina

 

 

SERPIENTE

TRADUCCIÓN DE JORGE ALCÁZAR

 

Una serpiente vino a mi pileta

en un caluroso, muy caluroso día, y yo en piyama,

para beber de ahí.

 

En la sombra profunda de aroma extraño del enorme y oscuro algarrobo

bajé los peldaños con mi cántaro

y debía esperar; detenerme y esperar, porque allí estaba en la pileta antes que yo.

 

Llegó de una hendidura en la sombría pared de tierra

y arrastró la flojedad café-amarillo de su vientre suave, sobre el borde de la pileta de piedra

 

y descansó su garganta sobre el fondo de piedra,

y donde el agua goteaba de una llave, en un pequeño claro,

sorbía con su boca lisa,

con suavidad la hacía pasar por las mandíbulas lisas, hacia su cuerpo largo y flojo.

En silencio.

 

Alguien estaba antes que yo en mi pileta

y yo, como un segundón, esperando.

 

Levantó la cabeza dejando de beber, como hace el ganado,

y me miró vagamente, como hace el ganado cuando bebe

y su lengua bífida destelló entre sus labios, y rumió por un momento,

y se inclinó para beber un poco más,

siendo de un pardo y dorado como la tierra, proveniente de las ardientes entrañas de

la tierra

en el día de julio siciliano, con el Etna humeante.

 

La voz de mi educación decía:

hay que matarlo

ya que en Sicilia los ofidios negros, negros son inocentes, los dorados son venenosos

 

Y voces en mi interior decían, si fueras hombre

tomarías ahora un palo y lo golpearías hasta acabarlo.

 

Más, ¿debería confesar cuánto me agradaba,

cuánta alegría sentía que hubiera venido como un huésped callado a beber de mi pileta,

y que partiera sosegado, en paz y sin agradecerlo

hacia las ardientes entrañas de la tierra?

 

¿Era cobardía que no osara matarlo?

¿Era perversión que añorara hablar con él?

¿Era humildad sentirse tan honrado?

Me sentía en verdad tan honrado.

 

Y sin embargo esas voces:

Si no tuvieras miedo, lo matarías.

 

Y ciertamente tenía miedo, mucho miedo.

Pero aun así, me sentía todavía más honrado

de que buscara mi hospitalidad

desde el oscuro umbral de la tierra secreta.

 

Bebió lo suficiente,

y levantó la cabeza, ensoñando, como alguien embriagado,

y su lengua destelló como noche bifurcada en el aire, así de negra,

como si se lamiera los labios

y miró alrededor como un dios, sin ver, al aire,

y lentamente giró la cabeza,

y lenta, muy lentamente, como un triple sueño,

procedió a deslizar su lenta longitud curvada

para trepar de nuevo el paramento de mi muro quebrado.

 

Y mientras metía la cabeza en ese agujero espantoso,

y mientras se levantaba lentamente, aligerando los hombros como hacen los ofidios, y se

internaba más,

una suerte de horror, una suerte de protesta contra su retiro dentro de ese tenebroso agujero,

al serpentear el cuerpo, adentrándose en la oscuridad, intencional y lentamente,

me sobrevino ahora que me daba la espalda.

 

Miré alrededor, dejé el cántaro,

levanté un leño tosco

y lo lance a la pileta ruidosamente.

 

Creo que no le pegué,

mas de repente la parte que quedaba atrás se convulsionó con prisa indigna,

se torció como rayo, y desapareció

en el hoyo negro, en la hendidura con labios de tierra en el flanco del muro,

acto que mis ojos siguieron fascinados, en la quietud intensa del mediodía.

 

Y de inmediato lo lamenté.

Pensé, qué mezquino, qué vulgar, qué bajeza.

Me desprecié a mí mismo y a las malditas voces de mi humana educación.

 

Y pensé en los albatros.

Y quise que regresara mi serpiente.

 

Ya que me parecía de nuevo como un rey,

como un rey sin corona exiliado en el inframundo,

a quien ya era hora de coronar de nuevo.

 

Y así, perdí mi oportunidad con uno de los señores

de la vida.

Y ahora tengo algo que expiar:

una mezquindad.

 

Taormina

 

II. ANÁLISIS DE «SNAKE»

Entre los principales temas en la obra de D. H. Lawrence (1885-1930), se encuentra la confrontación de la naturaleza con la civilización. En 1923, apareció la antología Birds, Beasts and Flowers, que recoge poemas escritos durante los viajes de Lawrence por Italia, Sri Lanka, Australia y Nuevo México. Durante este autoexilio —que el autor de Lady Chatterley’s Lover llama «peregrinaje salvaje»—, el poeta rompe con la contemplación pasiva, hasta ese momento propia de la poesía inglesa sobre temas referentes a la naturaleza, para penetrar y participar activamente en la esencia del mundo no humano con poemas agrupados en capítulos como «Frutas», Árboles», Flores», «Bestias evangélicas», «Criaturas», «Reptiles», «Aves», «Animales» y «Fantasmas».

El poema «Snake», incluido en «Reptiles», es un claro ejemplo de la visión de Lawrence sobre esa incompatibilidad entre lo primitivo o instintivo y lo civilizado. En este ensayo, analizaré dicho poema centrándome tanto en el efecto de su imaginería (relacionada con la mitología y el símbolo) como en sus figuras retóricas.

«Snake» está escrito en verso libre. Lawrence se opuso a las limitantes del formalismo buscando la autenticidad de la emoción. Deseaba manipular la forma y no ser manipulado por ella. Desde el primer verso, el yo lírico expone la situación con una imagen que combina la naturaleza con un objeto creado por el hombre: «A snake came to my water-trough»: una serpiente en una pileta. Enseguida, se hace visible el yo poético, quien recalca que se encuentra en piyama («and I in pyjamas»). Lo anterior no es casual; esa vestimenta refuerza la oposición entre ambos seres: uno, primitivo, está desnudo; el otro no sólo oculta su cuerpo, sino que viste de acuerdo con la convención social que dicta que la piyama es el atuendo para la noche.

En las siguientes cuatro estrofas, mediante repeticiones y anáforas, se percibe la impaciencia del hombre, quien debe esperar a que la serpiente termine de beber para llenar su cántaro: «And I, like a second comer, waiting». En las estrofas tres y cuatro, hay dos fenómenos relacionados con el sonido que, según Helena Beristáin en su Diccionario de retórica y poética, poseen siempre motivación semántica. El primero es fónico; sin embargo, no involucra fonemas, sino los acentos de las sílabas del verso, que se encuentran estratégicamente colocados para producir un ritmo asimétrico de los versos no rimados, el cual se hace sinuoso como el movimiento del ofidio. El segundo es un fenómeno fonológico que sí involucra fonemas; en este caso, se trata de una variante de la aliteración, conocida como «armonía imitativa», lograda con la repetición del sonido «s» a fin de imitar el seseo de la serpiente.

 

And trailed his yellow-brown slackness soft-bellied down

And rested his throat upon the stone bottom,

And where the water had dripped from the tap, in a small

clearness,

He sipped with his straight mouth,

Softly drank through his straight gums, into his slack long

body,

Silently.

 

En la sexta estrofa, finalmente percibimos una actitud en el reptil: mira al humano por un instante, pero continúa bebiendo, sin sentir peligro, hasta saciar su sed. Parece que esta actitud hace reaccionar al hombre. Una voz interior le recuerda lo que dicta la educación: si se considera hombre, debe matar al intruso. Dicha imagen nos remite al sacrificio de la serpiente en varias tradiciones (africanas, aztecas y mayas), cuyos mitos coinciden en que la muerte del reptil ―concebido como un viejo dios― es necesaria para que el hombre adquiera la civilización. Como afirman Chevalier y Gheerbrant en su Diccionario de los símbolos, matar a la serpiente es eliminar lo primitivo para dar paso a lo moderno. La relación entre lo primitivo y lo moderno es un tema que Lawrence abordará más tarde en la novela The Plumed Serpent.

El yo poético no se halla seguro de querer matarla, o debería decir matarlo, ya que usa el pronombre «him» en lugar de «it», que después se explicará cuando lo compare con un dios. El yo poético reconoce que le agrada tenerla como huésped y recurre nuevamente a la anáfora para expresar la confusión de sus sentimientos: «Was it cowardice, that I dared not kill him? / Was it perversity, that I longed to talk to him? / Was it humility, to feel so honoured?». En estos tres versos, se plasma claramente el choque entre el instinto y la conducta civilizada, tanto si se interpreta como simple miedo y curiosidad, como si nos remitimos al simbolismo de la serpiente y consideramos que representa, por un lado, la psique inferior, el alma y la libido; por otro, los vicios humanos y el pecado, según la tradición judeocristiana, que sólo conservó el simbolismo negativo (Chevalier y Gheerbrant). Sin embargo, hay gran fascinación del hombre ante la energía ancestral oculta para la civilización moderna. Esta fascinación lo hace sentirse perverso.

Más adelante, el poeta utiliza un símil para elevar a la serpiente a una categoría divina: «And looked around like a god, unseeing, into the air» (verso 45). Con este recurso, queda claro que Lawrence no sólo se interesa en evocar el poder de la naturaleza, sino en explorar los distintos simbolismos de esta criatura que, de acuerdo con el mencionado Diccionario de los símbolos, es opuesta al hombre, ya que éste se encuentra en la cima de un esfuerzo evolutivo, mientras que la serpiente es el inicio de ese esfuerzo: la criatura más simple. Pero esta simpleza es la causa de que en la mayoría de las culturas antiguas se le atribuya un carácter sagrado y a la vez oscuro, siempre ligado a la cosmogonía. En la noche de los orígenes, comenzó la vida, partiendo desde lo más simple.

A lo largo del poema, se construye cuidadosamente una atmósfera que remite a lo oscuro. El poeta lo salpica de palabras que entran dentro de esta esfera de significado, como «deep», «strange», «shade», «dark», «gloom», «secret», «night», «black», etc. Y con metáforas como «From out the dark door of the secret earth», es claro que este dios prehistórico viene de las capas profundas de la tierra y representa las capas profundas de la conciencia, es decir, la parte instintiva del ser humano, que él mismo ha reprimido para sentirse a salvo y en control de su sociedad moderna.animal-1299259_1280

En la penúltima estrofa, el poeta vuelve a utilizar un símil para comparar a la serpiente, esta vez con un rey: «For he seemed to me again like a king, / Like a king in exile, uncrowned in the underworld, / Now due to be crowned again». El hecho de que sea un rey que proviene del inframundo o del infierno, como se puede interpretar de la metáfora: «burning bowels of the earth», no es indicio de que la serpiente represente el mal o el pecado, pues a pesar de que, como occidental, D. H. Lawrence haya crecido en la tradición judeocristiana, es bien sabido que este poeta era considerado más bien «pagano» por su interés en resacralizar la naturaleza.

Cuando la serpiente se dispone a retirarse, el poeta recurre otra vez a ese ritmo sinuoso de los versos, ayudado por la anáfora y la armonía imitativa, que hace pensar en el movimiento de la serpiente:

 

And slowly turned his head.

And slowly, very slowly, as if thrice adream,

Proceeded to draw his slow length curving round

And climb again the broken bank of my wall-face.

 

En la reacción del hombre, es notoria esa costumbre humana de atacar por la espalda cuando se tiene miedo. Finalmente, tuvo más peso la conducta socialmente aceptada y el hombre lanza un leño a la serpiente cuando ésta se da la vuelta. Pero de inmediato, el yo poético experimenta remordimiento por haber agredido a la naturaleza y está consciente de que lo hizo impulsado por su educación: «I despised myself and the voices of my accursed human education». Ahora se arrepiente y desea que vuelva «su serpiente»; haberla agredido le recuerda al albatros: «And I thought of the albatros». Lawrence alude a la «Balada del Viejo Marinero» de Samuel Coleridge, donde el Viejo Marinero inhospitalariamente mata al ave de buen augurio, o tal vez a «El albatros», que Baudelaire llama «príncipe de las nubes», también muerto cruelmente por los marineros.

El poema concluye demostrando que el conflicto principal continúa: la sociedad impulsa al hombre a rechazar la vida y la naturaleza, simbolizada por la serpiente; el ser humano, incapaz de negar por completo su instinto natural, experimenta culpa por haberlo hecho, y ahora la sociedad le dicta que las culpas se tienen que expiar: «And I have something to expiate». La serpiente vuelve al mundo precivilizado, puro, intemporal, donde permanecerá en su plenitud.

 

Bibliografía

Beristáin, Helena, Análisis e interpretación del poema lírico. México: UNAM, 2ª ed. (coed. con la Facultad de Filosofía y Letras UNAM), 1998.

Chevalier, Jean, Diccionario de los símbolos. Barcelona: Ed. Herder, 1986.

Cruz Yáñez, Eva (coord.), De Hardy a Heany Poesía inglesa del siglo XX. México: Textos de Difusión Cultural Serie El Puente, unam, 2003.

Godine, David R. (editor), Birds, Beasts and Flowers by D. H. Lawrence. Canadá: Black

Anuncios