Remembranza de Juan Antonio Rosado Rodríguez (1922-1993)

01 Portada exteriorLazlo Moussong

El hecho de que yo disfrute de este sitio, que en cierta forma sigo considerando inmerecido para mí, es que cuando Juan Antonio Rosado Zacarías me invitó a participar en la presentación del CD doble con música de su padre, mi respuesta fue inmediatamente, más o menos:

–No puede ser, Juan Antonio. Yo no puedo alternar en esa mesa de homenaje a tu papá, en la que participan naturalmente profesionales de primer nivel de la música, cuando yo ya ni siquiera sé leer la partitura de una canción vernácula.

Él pulverizó mis objeciones cuando me dijo: «Precisamente, porque no eres músico y trataste en condición de alumnado a mi papá, quiero que tú participes y nos platiques algo de aquellos recuerdos».

 

*

Debo dar algunos antecedentes. Yo también estudié en la entonces Escuela Nacional de Música cuando estaba en la calle de Londres y la dirigía el maestro Ramón Serratos. Esto fue, si no yerro, entre los años 1954 o 55 y 1957. En el tercer año yo desistí, porque me di cuenta de que, para mis aspiraciones creativas como compositor, ya era demasiado tarde y que no me quedaba otro camino que hacerme escritor.

Juan Antonio Rosado y yo nos veíamos en la escuela y nos saludábamos amables al cruzarnos en el patio y los pasillos, yo con una edad entre 20 y 23, en tanto que empecé a percibir que en él había una madurez de la que fluía la estatura interior de este señor, que yo veía siempre serio, concentrado, en lo suyo, de un aire confiado y confiable. Él andaría por los 33 años.

Pero nuestro primer encuentro real se lo debo a un asunto desagradable, y es que una pandilla de pillos y mediocres alumnos recién había ocupado la Sociedad de Alumnos. Entre sus primeras iniciativas, ellos tuvieron la de llamarme para reclamarme que yo había organizado un cine-club que funcionaba una vez a la semana en un aula de la escuela, pero no se trataba de colaborar para fortalecerlo y conseguir el disfrute de más compañeros. Puesto que yo cobraba una cuota que apenas me alcanzaba para pagar el alquiler de las cintas de 16 mm y el proyector con su técnico (con la autorización de los maestros Serratos y Pedro Michaca, mi profesor de solfeo), yo debía dar a esa pandilla de pillos un porcentaje de las entradas. Ya lo decía Carlos Marx: «La explotación del hombre por el hombre», o nanológicamente, del estudiante por el grillo.

Les expliqué por qué ni tenían derecho ni era posible darles ese gusto, y tuve la intuición de que nos ahorraríamos la desagradable discusión que seguiría, porque ahí estaba antes de mi llegada Juan Antonio Rosado quien, por lo que escuché al entrar, había llegado antes que yo a plantearles una encomienda sobre otro asunto, del director Serratos, con quien él llevaba un trato estrecho.

Entonces Juan Antonio intervino en mi apoyo y, con la autoridad que fluía de su fuerza interior les dijo, sencillamente, que yo tenía razón, que estaba realizando una actividad cultural valiosa para los alumnos. Esto fue suficiente para que nunca me molestaran más, excepto con una ridícula venganza de voltear hacia atrás el pizarrón cada vez que anunciaba yo una función. Cabe mencionar, a modo de  mexican curious, que al presidente de esa Sociedad de Alumnos yo me lo encontré como tres lustros después. Él trabajaba en su verdadera vocación: era agente del entonces Servicio Secreto de la Policía (curioso, previsible y sin duda extorsionador  contraste).

Cuando oí la grabación de la voz de Juan Antonio en el CD, escuché cómo  él coincide casualmente, con precisión y brevedad, en por qué yo supe que ya era muy tarde para mí aspirar a compositor y debía dejar la Escuela de Música. Él dice con sencillez: «La música viene siendo como la gramática: algo que hay que conocer para anotar las ideas musicales», así que la gramática musical era algo que yo ya no alcanzaría a dominar para desarrollar un lenguaje musical propio y, como yo pienso que un buen y verdadero escritor debe dominar a plenitud la gramática de la lengua para dar forma, sentido, estructura, contenido, ritmo y estética a sus ideas literarias, el músico debe también dominar SU gramática.

Quiero constatar sólo en aspectos muy generales —como muy gratos y privilegiados recuerdos, no con precisión e imposible textualmente— que a veces Juan Antonio se sentaba a mi lado un ratito en una banca del patio a platicar, y yo le hablaba entre algunas otras cosas de lo fascinado que me tenía la música sinfónica y de cámara que se estaba creando en los Estados Unidos, con tanta diversidad de tendencias, y cómo yo observaba que, al margen del folklorismo, muchos estaban en busca de una sonoridad propia estadounidense en su música sinfónica y (salvo excepciones) también de cámara, además de la progresiva penetración del jazz. Yo aún no había escuchado ninguna obra de Juan Antonio, pero no recuerdo por qué (indudablemente por pistas que él me habría dado) cuando oí su Rapsodia callejera (1956) sentí cuán claramente se conservaba al margen de nuestra corriente nacionalista (que yo no rechazo, sino admiro y amo mucho, pero no así a sus imitadores) y pensé en con qué espíritu tan independiente, original, congruente consigo mismo, creaba él su música, un poco (así me pareció a mí y no sé si diga una barbaridad) «aleteando» en torno a esos grandes estadounidenses, quienes no por su sinfonismo grandilocuente,  desmerecían en la música de cámara que varios de ellos también abordaban (desde Ives, Wallingford Riegger, Carl Ruggles, y más acá William Schumann, Walter Piston, Roy Harris, Henry Cowell, Roger Sessions y un largo etcétera).

Cierro esto precisando tonos: yo, joven y elemental estudiante y amateur de la música, le hablaba de esa música con entusiasmo cálido; él, en cambio, reconocía valores en ella, mas no sin atorones de reservas, pero no recuerdo que me haya desmentido sobre ese «aleteo» que yo le atribuí entre esa nueva música.

 Uno de nuestros últimos encuentros sucedió el día 15 de marzo de 1957. El Consejo Técnico de la escuela, a propuesta de la Dirección de Ramón Serratos, con Pedro Michaca como secretario, decidió organizar un concierto de inauguración de cursos de 1957 en el Anfiteatro Simón Bolívar de la UNAM, en el que se entregaría un premio en efectivo a cinco alumnos, como estímulos por su aprovechamiento en sus estudios durante 1956.

Esos alumnos fueron y participaron en el concierto, en este orden de aparición: Manuel Henríquez (no el trascendental compositor del mismo nombre, sino un estudiante avanzado de piano y composición que tocó una sonata de su creación, bella, que me sonó bien estructurada y con mucha musicalidad, pero absolutamente apegada a la época y al estilo de Johannes Brahms a la mitad del siglo XX); Andrés Acosta, un muy joven y brillante estudiante de piano, que interpretó tres intermezzos de Brahms; Lazlo Moussong (quien aquí habla) por mi investigación teórica que derivó en un ensayo que titulé «La escala como alfabeto del lenguaje musical», del que leí un resumen; la soprano Yolanda Delgado, quien cantó a Fauré, Duparc y Debussy, y —como cierre magistral— Juan Antonio Rosado, quien estrenó su Rapsodia Callejera, interpretada por un conjunto de alientos y percusiones formado con alumnos de la escuela, instrumentistas que, evidentemente, habrían ensayado y sido preparados con la dirección del propio compositor. Al respecto, él también hace una referencia en la grabación de su voz.

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Esta obra que 60 años después sigue conservando su frescura y —digamos— su original personalidad, como lo demuestra la nueva versión plenamente profesional dirigida por el maestro Sergio Cárdenas, me demostró lo completo, lo ubicado, consciente y lúcido que ya era este excelso nuevo compositor en 1956, año señalado como el de su creación. Fue un gran gusto personal y un honor para mí que Juan Antonio Rosado me haya privilegiado con su actitud amistosa.

16 de junio de 2016

 

* Texto leído el 16 de junio de 2016 en la presentación del CD doble con quince obras musicales del compositor puertorriqueño-mexicano Juan Antonio Rosado R.  en Casa Lamm.

 

Amorosa ruptura: «Una carta muy íntima», de Lazlo Moussong

Foto Lazlo

Lazlo Moussong

Karina Castro

Por su tono mordaz e irreverente, su función paródica de diversos «clásicos» e hibridismo genérico, entre otros rasgos, los textos de Lazlo Moussong se caracterizan por abordar temas que oscilan entre lo real y lo fantástico. Su género predilecto es la sátira, a la que constantemente recurre para «sacudir las conciencias». El escritor sostiene que «el humor satírico no parte de la alegría, sino de la inconformidad para mostrar las fallas en el poder y en la sociedad»[1], apreciación que implica una indignada conciencia social y política, pero también vincula a la literatura con las formas del poder, tal como lo hicieron los antiguos autores satíricos, desde Luciano de Samosata, Marcial y Juvenal, hasta Augusto Monterroso[2], pasando por Cervantes, Jonathan Swift, Francisco de Quevedo o Thomas de Quincey, entre muchos otros.

En «Una carta muy íntima», Moussong crea a un personaje llamado Lazlo, quien escribe una carta dirigida a su novia para anunciarle el rompimiento de su relación. Antes de empezar, el personaje advierte que su texto sigue el formato de los informes de programas gubernamentales, y confiesa con amargura que, por haber escrito tantos documentos de ese tipo, el lenguaje administrativo y burocrático se ha instalado «en lo más profundo de su ser». Sin duda, se trata de un elemento autobiográfico, ya que el autor ejerció durante mucho tiempo la corrección de documentos especializados tanto de secretarías gubernamentales como de empresas privadas. Durante la dura y tediosa labor de corrector de estilo, Moussong se empapó de lenguaje jurídico y administrativo. Desde el inicio, es posible apreciar el inmenso contraste, el fuerte choque entre el contenido emocional y sentimental, y la forma fría, pobre y estéril del lenguaje burocrático:

 

Amada Concepción Encarnación: Presento a tu fina consideración, para la toma de decisiones y los debidos ajustes a la planeación correspondiente, este documento en el que se describen los orígenes, desarrollo y solución del proceso de integración y posterior separación de nuestra relación, así como la fundamentación y programación a que ha dado lugar la situación enunciada relativa a mi determinación de que terminemos nuestra unión.

En lo sucesivo denominaremos como Factor M al elemento masculino de la relación (o sea, yo) y como Factor F al femenino (o sea, tú).

 

Lo primero que notamos es el tono lúdico del texto. El nombre de la amada, Concepción Encarnación (de «concebir» y «encarnar»), es en sí mismo lúdico, aunque cacofónico. El autor, sin embargo, lejos de evitar las rimas consonantes en la prosa y el efecto cacofónico, lo aprovecha y refuerza al incorporar palabras con la misma sonoridad: «consideración», «planeación», «solución», «relación», «fundamentación», «integración», «programación», «separación», «situación», «determinación».

Más allá de los paradigmas tradicionales de los textos literarios, donde forma es fondo, podríamos pensar que en esta carta hay una deliberada ruptura de ambos y de lo que se ha considerado el género epistolar amoroso. No obstante, por un lado, el autor afirma: «Mi intención fue que la forma fuese fondo; esa forma de escritura, exageradamente aliterante con la terminación “-ion” tiene ese fondo, esa delación de la lamentable pobreza de lenguaje de los burócratas y tecnócratas», y por otro: «sí hay un deliberada ruptura de esos paradigmas».

Sucede justamente lo que Linda Hutcheon, teórica de la «posmodernidad», afirma como característica de esta poética: desafiar las narrativas que presumen de un estatus «paradigmático» sin necesariamente asumir ese estatus[3]. En este sentido, el texto de Moussong posee marcados rasgos «posmodernos». Uno de ellos es el hibridismo genérico (no exclusivo, por cierto, de la llamada «posmodernidad»), ya que no se trata de una carta ni de un relato; evidentemente, no es un cuento ni un documento oficial que, por su estructura, aparenta ser. Al principio narra y describe una situación interior; después, expone, explica, argumenta… Un rasgo más es su intención lúdica y satírica que lleva al autor a concebir una caricatura que encarna gracias al lenguaje burocrático:

       1. OBJETIVO DEL DOCUMENTO

Desarrollar un análisis de funcionalidad de las experiencias obtenidas entre los Factores M y F, para establecer objetivamente la justificación de la determinación adoptada en el sentido de llevar a efecto la separación definitiva de nuestros intereses y atractivos:

1.1. Eróticos

1.2. Recreativos

1.3. Intelectuales

1.4. Espirituales

Dejando atrás la dimensión estética, también se aprecian características de metatextualidad (tampoco exclusiva de lo «posmoderno»): el personaje, antes de dar paso a la carta, reflexiona sobre el acto de escribir y sobre el tipo lenguaje que influyó en su escritura:

 

Sucede que durante el sexenio pasado, tan lleno de proyectos, planes, programas, sistemas, implementaciones, instrumentaciones, etcétera, ocupé bastante de mi tiempo en redactar y corregir documentos elaborados por los abundantes tecnólogos que enfocaron realidades e irrealidades del país a través de brillantes metodologías administrativas. Ese trabajo, inevitablemente […] afectó […] mi lenguaje; éste es mi trauma y el resultado consta en esta carta personal que dice así:

 

La carta de Lazlo guarda una relación intertextual con los informes de programas de gobierno; juega con las convenciones de ese estilo, desafía aquello que satiriza: lo critica desde adentro. Considero que este breve texto de Moussong es una sátira paradójica del lenguaje legal o burocrático. Se vale de la ironía para cuestionar y ridiculizar esa práctica discursiva paradigmática. Para atacarla con sus propias armas, el autor asume las reglas de ese lenguaje, imita su estilo, pero invierte el contenido. De acuerdo con Moussong, éste es uno de los recursos del escritor satírico: despojar al enemigo de sus armas, apropiárselas y manejarlas con lo que él llama sus «habilidades marcial-satíricas».

La carta se presenta como un ejercicio lúdico que no sólo trastoca el lenguaje asumiendo su misma pobreza, sino también la estructura del texto. De esta manera, expone lo ridículo de la forma del lenguaje administrativo, llevándolo al extremo para provocar un efecto humorístico.

La relación de pareja de los personajes se presenta como un programa o proyecto gubernamental del que se entrega un detallado informe. En la introducción, donde el narrador explica las razones que lo inspiraron a escribir la carta en ese estilo y a publicarla, reflexiona sobre los informes sexenales de gobierno que se vio obligado a redactar o a corregir. Afirma que se enfocan en «realidades e irrealidades del país». Existe una analogía entre el país y la relación de la pareja. Tal vez quien redacta el informe observa en retrospectiva su relación, y encuentra que ésta no estuvo a la altura de sus aspiraciones porque se convirtió en irrealidad, de la misma manera en que las realidades del país durante ese sexenio (y durante cualquier otro) estuvieron lejos de alcanzar los objetivos; por lo tanto, también se convirtieron en irrealidades. A lo largo del informe, se valoran aspectos como las satisfacciones eróticas, intelectuales, sociales y espirituales. Todas han obtenido porcentajes de eficiencia muy bajos:

 

2.4. Satisfacciones espirituales (porcentajes con base en números absolutos):

2.4.1. Alguna 0%

2.4.2. Ninguna 100%

 

La mujer con quien rompe el personaje es tratada como un elemento del informe presentado, un factor por evaluar del programa. Se le acusa de haber sido un elemento inductivo hacia el consumismo, «a través de la imposición de necesidades superfluas». Se valora su utilidad de un modo tan bajo que el protagonista llega a la conclusión de que hubo errores desde el inicio del proyecto:

Se llega a la conclusión de que las expectativas previstas al iniciarse el programa de participación amorosa no fueron suficientemente evaluadas, ni se llevaron a efecto las encuestas elementales antes de que se diera por hecha la conurbación sexual correspondiente, etapa a la que debió llegarse hasta después de haberse obtenido una información suficiente y objetiva.

Según Lazlo Moussong, «el humor crítico no sólo se dirige a las personas en el poder y a sus comportamientos, sino también a las fallas en la vida cotidiana»[4]. «Una carta muy íntima» cumple con el cometido: funciona como crítica contra el ambiguo y obsoleto modo de comunicarse en el ambiente administrativo y contra la comunicación entre las personas (en especial, las parejas), la cual, aunque con menos burocracia, es igual de ineficaz y, con frecuencia, insuficiente. Por ello, el resultado en ambas es el mismo: proyectos fallidos.

Una vez aceptado el fracaso, lo que procede es proponer soluciones:

3. ALTERNATIVAS

3.1. Para el Factor M:

3.1.1. Separar la frecuencia de las entrevistas personales y de campo con el Factor F.

3.1.2. Alternar entrevistas personales con el Factor F, con entrevistas con Factores F1, F2, F3, etcétera.

3.1.3. Plantear decididamente al Factor F la conveniencia de que modifique sus programas a corto, mediano y largo plazos con respecto al Factor M.

Desde su título, «Una carta muy íntima» implica una profunda ironía. No se trata de una carta íntima, sino muy íntima. El adjetivo es modificado por un adverbio de cantidad, lo que, si tomamos en cuenta que la carta ha sido publicada, refuerza el efecto irónico. ¿Una carta muy íntima que a la vez es publicada por su autor? Él mismo lo advierte: «Mi deseo de hacer público algo tan personal obedece a la esperanza de que me sirva para eso que llaman catarsis».

Partiendo de las clasificaciones de Gerard Genette en Palimpsestos, el texto sería, en términos generales, un pastiche satírico y no una parodia, debido a que los objetos parodiados son siempre textos singulares y nunca géneros; en cambio, un pastiche es la imitación de un estilo. Para Genette, el autor de un pastiche es un imitador «que se ocupa esencialmente de un estilo y accesoriamente de un texto»[5]. Sin embargo, en este caso, concuerdo con Venko Kanev, quien afirma que, si bien el modelo de Genette resulta funcional, «no abarca todas las variantes de Lazlo Moussong»[6], pues en uno solo de sus textos cortos pueden encontrarse dos o tres variantes o una mezcla de ellas. En consecuencia, es factible concluir que «Una carta muy íntima» es un pastiche satírico del estilo administrativo y, debido a que aplica este estilo a una carta de asuntos sentimentales o emotivos, es al mismo tiempo una parodia de lo que podría considerarse el paradigma de una carta de amor al estilo de alguna de las que aparecen, por ejemplo, en Las relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos, para referirme a una obra clásica del romanticismo francés. El autor prefiere llamar a su técnica «trasposición», recurso que, de acuerdo con su teoría del humor, consiste en trasladar «un tipo de lenguaje usual en determinado campo, a un tipo de situación al que no le corresponde ese lenguaje, con lo cual logro el efecto humorístico e, inclusive, satírico».

 

 

Fuentes citadas

 

Genette, Gérard, Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Traducido por Celia Fernández Prieto, Taurus, Madrid, 1989.

Hutcheon, Linda: A Poetics of Postmodernism: History, Theory, Fiction, Nueva York, Routledge, 1988.

Kanev, Venko, «Las formas breves de Lazlo Moussong», artículo en línea disponible en http://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/7304/2/199545P17.pdf [Última fecha de consulta: 11 de diciembre de 2012]

Moussong, Lazlo, «Una carta muy íntima», texto en línea disponible en   https://filopalabra.wordpress.com/2015/11/02/una-carta-muy-intima/

Palapa Quijas, Fabiola, «La sátira es un humor crítico para sacudir la conciencia, afirma Lazlo Moussong», entrevista en La Jornada, sección Cultura, 20 de agosto de 2009, pág. 1.

 

 

[1] «La sátira es un humor crítico para sacudir la conciencia, afirma Lazlo Moussong», entrevista de Fabiola Palapa Quijas, en La Jornada, sección Cultura, 20 de agosto de 2009, pág. 1.

[2] En La oveja negra y otras fábulas, Monterroso en realidad hace sátiras y no fábulas. En el texto que le da título al libro, es clara la aplicación del poder represivo contra el otro (las ovejas negras), así como la ironía que significa el empleo de lo reprimido para los mismos usos del poder. Sin duda, se trata de una sátira social, dado que no hay una moraleja tradicional y sí una crítica contra las paradojas del poder.

[3] Linda Hutcheon: A Poetics of Postmodernism: History, Theory, Fiction, Nueva York, Routledge, 1988.

[4] «La sátira es un humor crítico para sacudir la conciencia, afirma Lazlo Moussong», entrevista de Fabiola Palapa Quijas, en La Jornada, sección Cultura, 20 de agosto de 2009, pág. 1.

[5] G. Genette, Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Taurus, Madrid, 1989.

[6] Venko Kanev, “Las formas breves de Lazlo Moussong”, artículo en línea disponible en http://cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/7304/2/199545P17.pdf [Última fecha de consulta:  11 de diciembre de 2012]

Una carta muy íntima

burocracia

Lazlo Moussong

Un impulso de acercarme a mis lectores me mueve a dar a conocer un documento que atañe a mi vida íntima: es una carta que escribí a mi más reciente novia, con la que le planteo el rompimiento de nuestras relaciones. Mi deseo de hacer público algo tan personal obedece a la esperanza de que me sirva para eso que llaman catarsis de modo que, al darlo a la luz pública, yo pueda superar el trauma.

Sucede que durante el sexenio pasado, tan lleno de proyectos, planes, programas, sistemas, implementaciones, instrumentaciones, etcétera, ocupé bastante de mi tiempo en redactar y corregir documentos elaborados por los abundantes tecnólogos que enfocaron realidades e irrealidades del país a través de brillantes metodologías administrativas que acabaron convirtiéndose en tan poco como palabras de políticos. Ese trabajo, inevitablemente, me influyó y afectó hasta lo más hondo de mi ser y de mi lenguaje; éste es mi trauma y el resultado consta en esta carta personal que dice así:

Amada Concepción Encarnación:

Presento a tu fina consideración, para la toma de decisiones y los debidos ajustes a la planeación correspondiente, este documento en el que se describen los orígenes, desarrollo y solución del proceso de integración y posterior separación de nuestra relación, así como la fundamentación y programación a que ha dado lugar la situación enunciada relativa a mi determinación de que terminemos nuestra unión.

En lo sucesivo denominaremos como Factor M al elemento masculino de la relación (o sea, yo) y como Factor F al elemento femenino (o sea, tú).

  1. OBJETIVO DEL DOCUMENTO

            Desarrollar un análisis de la funcionalidad de las experiencias obtenidas entre los Factores M y F, para establecer objetivamente la justificación de la determinación adoptada en el sentido de llevar a efecto la separación definitiva de nuestros intereses y atractivos:

            1.1. Eróticos

1.2. Recreativos

1.3. Intelectuales

1.4. Espirituales

 

  1. ANTECEDENTES

Habiéndose diseñado los esquemas tradicionales de satisfactores cuya media estadística entre los Factores M y F dio los siguientes índices (porcentajes con base en el número de días de duración de la relación):

            2.1. Satisfactores eróticos:

2.1.1. Intensos                                   1%

2.1.2. Medianos                               2%

2.1.3. Inconclusos                           54%

2.1.4. Simulados                             36%

2.1.5. No perceptibles                    7%

 

            2.2. Satisfactores recreativos:

2.2.1. Paseos y diversiones              3%

2.2.2. Visitas a nuestras mamás     17%

2.2.3. Ver televisión                          80%

 

2.3. Satisfactores intelectuales y sociales:

2.3.1. Conciertos, cine, teatro, etc.                1.4%

2.3.2. Lecturas comunes                                0%

2.3.3. Reuniones y fiestas                              4%

2.3.4. ¿¿??                                                          5.6%

2.3.5. Ninguno                                                 89%

 

2.4. Satisfactores espirituales (porcentajes con base en números absolutos):pastel

2.4.1. Alguno              0%

2.4.2. Ninguno           100%

            Y considerando también que, con base en el presupuesto de gastos que se desglosa en el Anexo I, puedes ser definida como un elemento inductivo para el Factor M hacia el consumismo a través de la imposición de necesidades superfluas.

 

Habiendo fracasado todo intento del Factor M para:

  1. a) Capacitarte en algo.
  2. b) Motivarte a la participación cultural.
  3. c) Concientizarte para la programación de gastos.
  4. d) Estimularte en el disfrute de satisfactores eróticos.
  5. e) Adiestrarte en la elaboración de alimentos higiénicos, económicos y comestibles.
  6. f) Desarrollar en ti facultades de comunicación social.
  7. g) Establecer una conversación interesante.
  8. h) Evitar tu persona.

            Se llega a la conclusión de que las expectativas previstas al iniciarse el programa de participación amorosa no fueron suficientemente evaluadas, ni se llevaron a efecto las encuestas elementales antes de que se diera por hecha la conurbación sexual correspondiente, etapa a la que debió haberse llegado hasta después de que se hubiese obtenido una información suficiente y objetiva. En consecuencia, se fueron planteando en forma sucesiva las siguientes:

 

  1. ALTERNATIVAS

            3.1. Para el Factor M:

            3.1.1. Separar la frecuencia de las entrevistas personales y de campo con el Factor F.

            3.1.2. Alternar entrevistas personales con el Factor F, con entrevistas con Factores F1, F2, F3, etc.

            3.1.3. Plantear decididamente al Factor F la conveniencia de que modifique sus programas a corto, mediano y largo plazos con respecto al Factor M.

            3.2. Para el Factor F:

            3.2.1. Quedarse programada durante sus tiempos libres por falta de participación, estímulos, techo presupuestal y asistencia del Factor M.

                      3.2.2. Procurarse entrevistas motivadoras o de mantenimiento con Factores M1, M2, M3, etc.

                   3.2.3. Acudir a recursos naturales como el llanto, la noticia de que el Factor M será padre, los reproches escalonados y otros de menor estrategia hasta su agotamiento al no encontrar receptor sensibilizado en el Factor M.

            3.3. Para ambos Factores:

            3.3.1. Cancelar los programas, operaciones y presupuestos, por acuerdo unánime de ambos o votación mayoritaria de dos, evitando procedimientos retardatarios como serían auditorías sentimentales, solicitudes de orientación e información, ajustes de cuentas, reparación de equipos usados, devoluciones, balances de pérdidas y ganancias, y demás trámites burocratizantes e ineficaces.

 

       4. CONCLUSIÓN

En consecuencia, y habiendo considerado como la más factible, actualizada y eficiente la alternativa 3.3.1., hago de tu tierno y oportuno conocimiento su pronta aplicación, simultánea con la cancelación y liquidación definitiva y a corto plazo de este Programa de Estructuración e Instrumentación Amorosa.

            Tuyo, hasta la implementación y ejecución conducente de la conclusión indicada, te expreso las seguridades de mi más tierna consideración:

 

Lazlo

 

 


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