Anclado

urban-1031304_1920Montserrat Jiménez Covarrubias

 

Miércoles 6 de julio

Incesante, giro los pulgares mientras observo la puerta de entrada. Suena la alarma: otra encuesta. Más trabajo para hoy, qué maravilla. Al principio eran entretenidas, pero después de la número 185, me di cuenta de que sólo era necesario escribir lo que deseaban leer. Ya tenía preparado lo que mandaría: más velocidad, más resistencia, más sabor, más comodidad… Al fin y al cabo, recibiría mi depósito fueran o no verídicas mis opiniones y sugerencias. Por fin el golpeteo de la puerta. Irresponsables. Media hora tarde. ¿Cómo no pueden predecir que uno se puede morir de hambre?

—Perdone la demora, señor. Esta lluvia nos ha retrasado mucho. Como compensación, la empresa le envía con su pedido…

—Sí, sí. Que no se repita la próxima semana.

Qué pésimo servicio… y todavía quieren propina. Gente incompetente. La lluvia sólo es un pretexto. ¡Ni que se fueran a encoger!

Jueves 7 de julio

Ayer actualicé mi inventario: cuatro cajas de leche, cincuenta y tres jugos de diferentes sabores (veinte de uva, trece de manzana, ocho de tamarindo, siete de mango y cinco de guayaba), junto a media docena de garrafones de agua. Haré un nuevo pedido: sólo hay cuatro latas de crema de elote y dos de frijoles. Si se terminan, ¿con qué voy a acompañar los embutidos? No sabía que quedaban tan pocos sobres de avena instantánea y de harina para hot cakes. Tengo suficientes huevos: cuarenta y seis sin contar los que se rompieron en el traslado.

En fin, los deberes esperan. Hasta para trabajar en esto se necesitan huevos: un par mezclados con jugo de naranja.

¿Desde cuándo es usted cliente? ¿Qué clase de pregunta es esta? ¿Para qué quieren saber, si lo importante es que he comprado el limpiador Maestro Limpio? Bien, si le pongo tres años, no sonará mal. Ya ni con una chica he durado tanto, ese calvito algo tiene. Quizá sean sus músculos.

¿Cómo nos conoció? ¡Y siguen con las preguntas estúpidas! Amistades, como tengo montones con las que conversar.

¿Utiliza Maestro Limpio en las actividades diarias de su hogar? Claro, hasta duermo con él. Siempre.

¿Cuál es su grado de satisfacción con el producto? Estoy completamente satisfecho, ¡hasta el clímax! Obvio no, sólo sirve para espantar el polvo. Prometía ser efectivo contra sarro y cochambre. Vanas mentiras. Parece que lo único que deja brillante es su pelona.

 

Viernes 8 de julio

Qué novedad, mis amigos de Facebook dan el reporte del clima. ¿En realidad es necesario publicar algo tan evidente? Vaya, todo está atestado con memes: «Con estas lluvias hasta sirenas te encuentras por las calles». ¿Criaturas míticas? Ja. «Por piedad, lluvia, ya déjame lavar». Pobres personas, sufren hasta por tener ropa limpia, mientras yo vivo a la perfección con mis siete mudas, siempre impecable y fresco. Lo sé, las maravillas del lavado en seco. Otra más… «¿Que una inundación? Pal Facebook». Cosas como esas delatan su necesidad de atención. Y mi favorita: «Genial, está lloviendo lluvia mojada». Creo que quedó claro, pero ¿a quién le interesa? A mí no.

Sábado 9 de julio

Se dañó el televisor. El ruido de la estática me pone irritable. Sin duda prefiero las risas de fondo. Risas de gente muerta hace décadas. Me pregunto si les es divertido escuchar cómo reproducen infinitamente sus reacciones de humor. Seguro hasta en el infierno las escuchan. Esto no tiene solución. Le doy un golpe. Estúpida cosa.

Llamo a Servicios al cliente, espero y espero, la línea está saturada. Inténtelo más tarde. Más tarde será la hora de limpieza, ¿creen que cambiaré mi rutina para marcar de nuevo? Hoy toca desinfectar los cubiertos, aspirar la cama junto con las almohadas y limpiar la suela de los zapatos. Lo del televisor puede esperar hasta mañana, cuando sea el tiempo de los reclamos y disgustos, justo a las dos de la tarde.

El hedor es insoportable. No me explico por qué el chico de la basura no ha tocado a mi puerta. Siempre le doy buena propina por llevársela. Algo viscoso escurre de las bolsas. Hay un asqueroso charco rodeándolas, piscina para las moscas. Repugnante.

 

Domingo 10 de julio

Supongo que no está quedando del todo mal. Cualquier conocedor de la paleta de colores diría que las paredes negras no van con mi sofá amarillo. De todos modos, no necesito apreciar los detalles. La electricidad va y viene por horas. Descubrí que la oscuridad es práctica. No vendrá mal pintar el departamento de negro. Por suerte, hace meses enviaron botes de pintura como cortesía por «sugerir un cambio de imagen en la presentación de nuestra gama para interiores». No me engañaron, se trataba de sobras. Pintura que no se vende. ¿Quién querría tapizar su casa de ese color?

 

Lunes 11 de julio

Un día entero sin electricidad… La planta de emergencia sólo ayudó por tres horas.

 

Martes 12 de julio

Bajo mis uñas se forma una próspera comunidad de seres minúsculos. Emergen para andar por mis brazos y pecho. Buscan alimento. Hacen que hierva mi piel. Desfilan sin detenerse hasta chocar con la pared negra. Bajan de la cama, andan por toda la habitación, algunos caen entre las grietas del piso; los más hábiles logran traspasar el umbral de la puerta y librar los charcos que dejaron las goteras. Desventajas de vivir en el piso más alto.

Tengo la muñeca molida. Al no servir la licuadora he tenido que preparar mis malteadas energéticas a mano. Quedan grumos pastosos al final del vaso. Los trago con dificultad; preferiría simplemente sorber. Aborrezco todo esto.

 

Miércoles 13 de julio

Me aburro, no sé qué hacer. La estúpida electricidad no vuelve; no hay internet ni televisión. Esas chingaderitas negras siguen invadiendo mi casa; parece que la ausencia de luz las activa. Por las noches escucho el murmullo de sus cuerpos moviéndose en multitudes. En lo que según yo es la madrugada, veo cómo se alzan y revolotean sobre mi cabeza. He rociado todo con insecticida creyendo que eran insectos, pero ahora veo que son seres del bajo astral: demonios.

 

Jueves 14 de juliorain-443015_1920

No lo soporté más. Fui a buscar al encargado del edificio. ¿Cómo es posible que no diera ni un aviso sobre el corte de electricidad? Ni siquiera una disculpa o una visita para inspeccionar cómo me las arreglo con las goteras.

Al salir, encontré el pasillo con al menos ocho centímetros de agua. Por poco alcanza mi puerta. El papel tapiz se desprendía a pliegos y el piso se sentía blando por tanta humedad. Me dirigí al cubo de las escaleras. A punto de llegar al piso de abajo, mareado por el aroma a metal mojado, me encontré con algo curioso. Era el chico que se lleva mi basura. A pesar de su estado de descomposición, reconocí el inconfundible cabello rojizo. Le di un ligero puntapié y se alejó flotando. Ruedo los ojos y bufo. Estúpido niño de la basura. Por su culpa mi departamento apesta; por su culpa tuve que desinfectar mis zapatos, raspar de la punta un trozo de su carne que se adhirió; por su culpa regresé a mi departamento sin haber solucionado nada.

 Juzgando el nivel del agua, todos han de estar muertos. Muertos ahogados, viscosos y blandos.

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